lunes, 4 de abril de 2016

Árbol de Margaritas

Cuando era pequeño, tendría unos nueve o diez años, en el jardín de mi casa de Bonanza, había una enorme planta de margaritas, era tan grande que se había convertido en un arbusto donde yo solía meterme, como si fuese una cabaña, a escuchar la radio. Escuchaba la radio sobre todo a medio día, al solito en invierno y a la sombrita en verano.
Aunque mis primeros recuerdos de la radio son anteriores, cuando tenía tres o cuatro años escuchaba la radio, sobre todo aquellos discos dedicados, mientras mi madre lavaba la ropa en uno de esos lebrillos en la delantera. Entonces vivía en Los Llanos y recuerdo perfectamente el soniquete de las dedicatorias de los discos y esas frases: “A Manolito, con mucho cariño, de su madre que lo quiere mucho”.
También recuerdo por las noches que mi padre ponía una de esas radios grandotas y escuchábamos “Ustedes son formidables”, “Conozca usted a su vecino” o “Matilde, Perico y Periquín”.

Así que muchas horas de mi vida la pasé escuchando la radio, imaginando y fantaseando bajo el Árbol de Margaritas.

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